Una caja para reflexionar sobre la experiencia migratoria

El Museo de la Migración comparte su caja de aprendizaje en un encuentro de la mano de la Universidad de Zaragoza

¿Sabías que el Museo de la Migración cuenta con una caja de aprendizaje? ¿Te preguntas qué es eso? Pues, básicamente, es una herramienta pensada para trabajar en torno a la migración, la identidad y la memoria desde una perspectiva participativa.

Nuestro compañero Leo Casado viajó hasta Zaragoza de la mano de la Universidad de Zaragoza y de la Asociación Africagua para compartir este proyecto y seguir tejiendo redes en torno al trabajo en interculturalidad.

“Durante el encuentro, presentamos la experiencia de la caja creada en Lugo, su proceso de diseño y su adaptación a distintos contextos, desde centros educativos hasta colectivos de personas migrantes. Y hablamos sobre la importancia de crear herramientas accesibles y útiles para la ciudadanía”, explica Leo.

La sesión fue también un espacio de intercambio con docentes, alumnado y personas usuarias de Africagua, muchas de ellas mujeres de la diáspora africana, en el que se dialogó sobre cómo construir, de manera colectiva, relatos en torno a las experiencias migratorias. “Para ello, utilizamos los objetos que guarda la caja de aprendizaje del Museo de la Migración”, cuenta Leo.

La facilitación de este intercambio se realizó empleando los recursos de la caja de aprendizaje que elaboramos en el Museo da Migración, una herramienta didáctica pensada para abrir conversaciones en torno a la migración, la identidad y la memoria desde una perspectiva participativa.

La caja no es solo un conjunto de materiales, sino una propuesta de trabajo para abrir conversaciones sobre la migración desde múltiples puntos de vista. Cada elemento activa preguntas, conecta vivencias e invita a mirar lo cotidiano con otros ojos.

El ovillo de lana, por ejemplo, permite hacer visible algo que muchas veces pasa desapercibido: la red de relaciones que nos atraviesa. Mediante un gesto sencillo, se construye una imagen colectiva en la que aparecen las conexiones entre culturas y territorios.

Las maletas y los pasaportes sitúan el foco en la toma de decisiones y en la carga emocional que implica desplazarse. No hablan solo de movimiento, sino de elecciones, renuncias y duelo: qué llevamos con nosotros, qué queda atrás y cómo se construye la memoria al cambiar de lugar.

Otros elementos, como los aromas o las referencias a la gastronomía, trabajan desde lo sensorial para abordar la migración como un proceso de intercambio continuo. Los alimentos, las recetas y los sabores funcionan aquí como rastros de esos desplazamientos, mostrando cómo lo que hoy entendemos como propio es, muchas veces, resultado de múltiples viajes.

Así, los elementos de esta caja nos hacen transitar por situaciones comunes a los procesos migratorios que, muchas veces, quedan ocultas, como la espera, los obstáculos, la pérdida o la adaptación.

En conjunto, la caja de aprendizaje funciona como una herramienta que se adapta a diferentes grupos, pero que mantiene una idea de fondo común: la migración como una experiencia compleja, atravesada por dimensiones personales, sociales y culturales, que puede abordarse desde la empatía, el diálogo y la participación.